La culpa es mía, por no saber escribir o leer poesía.
Despertar, yo despierto.
Aunque sea con el cuerpo aterido de frío
y los dientes rechinando de rabia y miedo.
Ha empezado un día nuevo.
Si así lo desean, yo me afeito.
El reflejo macilento del espejo usurpa mi industria,
con la radio filtrando el exterior (dos muertos y la crisis).
Malhaya cada atisbo rebelde de barba en mi mentón.
Y si tanto insisten, puedo comer.
Devoro un tazón de cristales rotos con leche
y mojo el bizcocho en el vaso de rutina descafeinada.
Es una suerte poder llenarme el estómago a diario.
Es para Uds. imperativo el que yo trabaje.
Velo de nueve a tres por la empresa,
ningún empleado produce más que yo.
Declaro a Hacienda ser la pieza más feliz del engranaje.
Se me recomienda ejercer el amor esporádicamente.
Observo escrupulosamente los preliminares
y tengo el tamaño adecuado para que no importe.
Nadie exigiría menos del caballo ganador.
Sí, yo soy capaz de todo.
Despertar y adecentarme (mi buen traje, mi raya al medio)
Desayunar, comer y cenar (los tres a su hora)
Trabajar y copular (van juntos por ser ambos mecánicos)
Y ya olvidaba decir que soy inteligente y ameno,
que en mi mundo consiste
en saber y hablar de los viejos y cómodos temas de siempre.
Yo haré lo que todos Uds. me pidan.
Pero no me hagan vivir.
No sabría.
(Porque nunca me hizo falta).
martes 14 de abril de 2009
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