No era intención mía que el poema se convirtiera en esta nube de palabras; estaba ya renegando cuando he recordado la anécdota que venía en mi libro de Arte del Bachillerato sobre Marcel Duchamp y cierto cuadro suyo, La mariée mise a nu par ses célibataires. El caso es que en el transporte a algún museo se rajó el cristal que protegía el cuadro; el artista no sólo no se inmutó, sino que echó un vistazo al estropicio y comentó que "ahora ya estaba terminado". Pues algo así. Así que me he limitado a poner negritas aquí y allá.
Te estuve observando y creo sinceramente que tu piel hace juego con la mía, y hablo en serio si digo que me gustaría saber tu nombre te llames como te llames. O quizá miento como una niña mala y resulta que ya lo conozco, que lo encontré sin querer en una esquina y lo escondí, lo escondí triunfante en mi cajita de los tesoros. Ya no hago los deberes confieso que me falta memoria para aprender nada que no aluda a todos los detalles que te dan vida. Admito que ya no soy una niña cuando veo tu cuello dándome la espalda. Este verano echaré a veces de menos encontrarte por los pasillos, mirar en tu dirección fingiendo que no te veo me quedé con las ganas de abrazarte el día en que aprobé mi parcial de chino. Te marcharás y yo me sentaré en tu rincón favorito de las escaleras la piedra aún cálida tras tu presencia con los pies rozando la tierra del patio, a la distancia habitual y prudente que siempre guardan respecto del suelo.
Para los conservadores, no obstante, aquí está el cuadro antes de romperse el cristal.
Te estuve observando
y creo sinceramente
que tu piel hace juego con la mía,
y hablo en serio si digo
que me gustaría saber tu nombre
te llames como te llames.
O quizá miento como una niña mala
y resulta que ya lo conozco,
que lo encontré sin querer en una esquina
y lo escondí, lo escondí triunfante
en mi cajita de los tesoros.
Ya no hago los deberes
confieso que me falta memoria
para aprender nada que no aluda
a todos los detalles que te dan vida.
Admito que ya no soy una niña
cuando veo tu cuello dándome la espalda.
Este verano echaré a veces de menos
encontrarte por los pasillos,
mirar en tu dirección fingiendo que no te veo
me quedé con las ganas de abrazarte
el día en que aprobé mi parcial de chino.
Te marcharás y yo me sentaré
en tu rincón favorito de las escaleras
la piedra aún cálida tras tu presencia
con los pies rozando la tierra del patio,
a la distancia habitual y prudente
que siempre guardan respecto del suelo.
Si tú quieres, este poema tendrá mil nombres, o sólo uno, o un puñado, o ninguno.
P.D Algunas niñas, de mayores, queremos ser como Christina Rosenvinge, definitivamente...
P.D 2 Caray, pues una vez publicado, también se va el desbarajuste, así que adiós a mi referencia a Duchamp y su dichoso y paranoico cuadro.
miércoles 3 de junio de 2009
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2 millones de gritos:
Desde el blog en apoyo al “Premio Maria Amelia López Soliño” a la mejor bitácora escrita por una persona de la tercera edad, te agradecemos el cariñoso comentario de condolencia dejado en su blog y te animamos a estimular a los más mayores a seguir su ejemplo.
Lamentamos que tú también perdieras a tu abuela, pero seguro que sus enseñanzas y recuerdos permanecen en ti.
Un saludo afectuoso.
Y que a estas alturas me descubra conservadora..manda huevos...
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