Así, a primera vista, no parece una chica especialmente coqueta. La melena, larga y todavía mojada, la lleva suelta y de cualquier manera, caótica sobre la baqueteada mochila de diario(dentro siguen los libros de su última clase). Camiseta de manga corta, pantalones piratas. El tobillo izquierdo tiznado, un poco por encima de las cómodas bailarinas planas. Si se empieza por la línea de su brazo, caído y un poco lánguido por el calor, se terminará por la lata de refresco medio vacía que sostienen sus dedos. Manos finas y pálidas. Uñas cortas y limpias, sin pintar.
No hagan caso si les dicen que va siempre en las nubes. Al contrario. Ella, cuando va por la calle, va siempre absorta en sus cosas, que considera importantes. Es por eso que parece un poco ausente.
Ahora, por ejemplo, va jugando con la lata de Coca-Cola (me pagan por la publicidad en el relato, disculpen). El viejo juego de la anilla, ya saben; seguro que lo conocen. Vas doblando la anilla mientras recitas el alfabeto, y la letra en la que se rompa la arandela es la inicial de tu amor (el que te corresponde).
A, B, C...
¿Es un juego inocente el de nuestra chica?
D, E, F...
¿O es que tiene algún nombre especial en mente?
Alguien que le llame la atención, alguien que le guste un poco.
G, H, I...
La chica gira la esquina*.
*(Adivina, adivinanza: ¿quién está al otro lado del rincón?)
...La chica pasa de largo con una leve sonrisa.
J, (bendita la edad) K, (de ser feliz) L, (con las cosas insignificantes) M...
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P.D Lecciones a recordar el próximo curso y en los días que quedan hasta mi último examen:
- No debo dormirme en los laureles.
- Debo retomar la noble costumbre de llevar una agenda siempre encima y, lo que es más, de usarla.


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