jueves 29 de abril de 2010

Holden, el guardián

Me gusta Holden porque es capaz de todo. Sólo de pensar que Jane Gallagher se ha podido dejar engañar en el asiento trasero de un coche, puede ir y pelearse con un compañero de clase. Puede recorrer la noche de Nueva York y volverse medio loco por una pava rubia que baila muy bien y no sabe hacer nada más. Llama a Sunny sólo para hablar y luego baja las escaleras del hotel llevándose una mano a la camisa empapada de sangre. Se pregunta adónde narices habrán ido a parar los patos en invierno y habla con su hermano muerto por la calle. Allie, que escribía poesías en el guante de béisbol. Entre medias llora también a veces, y las lágrimas le salen de repente, justo después de llamar gilipollas a alguien. Visita a su hermana Phoebe en mitad de la noche, como un ladrón, y le lleva los trozos de un disco roto. Y le dice que, en el fondo, sólo le gustaría una cosa. Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno.
Me gusta Holden porque me lo imagino perfectamente en mitad de un precipicio de locos, saliendo de donde esté, dorado como las espigas del centeno, los ojos fieros y a la vez tan tiernos. Cuidando de todos los niños. Un guardián puro, inflexible.

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