jueves 20 de mayo de 2010

Dos noticias

Una mala, otra buena.
1. Tras varios años de parón creativo absoluto, mi relativa vuelta a la batalla lleva un saldo bastante negro por ahora. A dos concursos me presenté en los últimos meses. En los dos me han rechazado. Una negativa total. Ni el accésit han querido darme, oigan. Nada de nada. Tengo veinte años para cumplir veintiuno dentro de nada, y ya no es que se me esté pasando la edad de la precocidad, sino que igual nunca va a llegar nada. Es una posibilidad que imagino que debería contemplar. Y mira que creo haber vuelto a escribir con fuerzas renovadas. De Tarot me lo esperaba, porque ya mientras lo escribía pensaba: Hay que ver qué cosa más desagradable estoy haciendo. Lo cual no quiere decir que estuviese mal. Pero suelo tener otro estilo. Con el otro, El estado intermedio, reconozco que estaba esperando al menos quedar finalista. Un relato muy bueno, muy bien construido, y no soy yo quien lo dice. Un paso adelante en mi estilo. Con quince años, la idea que encierra El estado intermedio se me habría ido de las manos, se habría perdido en un laberinto de adjetivos y sintaxis superflua. Entre los diecinueve y los veinte, he sido capaz de decir, a grandes rasgos, exactamente lo que quería. Y creo que es un mérito, y una lástima que no haya podido llevarse nada. Tanto a él como a mi otro hijo, de todos modos, los he recibido de vuelta con los brazos abiertos. Mamá os quiere y está orgullosa de vosotros.
2. Esta es la buena noticia. Creo que de un tiempo a esta parte, pataletas de niña impaciente aparte, encajo mucho mejor este tipo de cosas. Esta vez, en cada fracaso, lo primero que he pensado es: Ah, muy bien, vosotros os lo perdéis. Y creo que no es una mala frase que decir en estas circunstancias. Que yo tengo que escribir mucho más, lo sé. Que nadie me dijo que fuera a salir, también. Por saber, incluso sé ya que no soy en modo alguno un alma genial, un talento innato o una niña terrible, y no me va a quedar otra que esforzarme como el resto. Pero bueno. Tampoco soy tan mala. Mis pobres palabras, todas juntas, también expresan algo. Y merece la pena seguir creyendo en ellas. Entre otras cosas, porque otra gran verdad es que en este mundo hay poco blanco y negro y mucho gris. Me han rechazado en este concurso, sí. Pero leyendo el relato ganador, he aprendido la lección de la subjetividad. Este es un mundo en el que mi cuento, que yo estaba dispuesta a firmar y que ha gustado mucho a otras personas, pierde. Y gana otro que yo leo y que no me dice absolutamente nada. Y lo digo sin rencores. Se puede ser sincera sin acritud. Otras veces he leído cosas que me han parecido increíbles, pero esta vez no.
¿Significa eso algo?
Pues, quién sabe.

0 millones de gritos: