domingo 16 de mayo de 2010

Drinking a toast to us [now]

Ella alzó su copa (aquel cóctel de nombre sofisticado y sabor a mejunje que le había salido rana), y me sugirió brindar.
-Bueno, vale, aunque después de haber bebido ya...¿Por qué brindamos?
-Tanto da -de hecho bebió otro sorbo, volvió a arrugar el gesto y dijo-: Por nosotros. Por nosotros ahora.
-¿Ahora y no antes? -reí.
-Pues sí, claro. Tiene su lógica, ¿no crees?
Le pedí que me explicara aquello de la lógica. Más o menos entendía por dónde iba, pero de todas formas me gustaba oírle hablar. Por alguna razón, me sonaba distinta a los demás. Más directa o quizá más original o a lo mejor sólo menos contaminada por esa cosa (sea lo que sea, yo no lo sé) que debe de estar flotando en el aire siempre, o si no a saber por qué actuamos como actuamos la mitad de las veces.
-Sí, a ver. Es...es, bueno, no sé, no somos como antes, ¿verdad? Tú y yo, desde que nos conocimos, hemos cambiado, ¿no?
-Un poco.
-Pues eso, a mí, antes como que me dolía y me asustaba. En serio, me daba miedo. La idea de cambiar. ¿Cambiar? ¿Yo? ¿Y para qué? ¿Me transformaría yo sola? Seguramente no, lo que me rodea tendrá que mutar conmigo, pensé. Y seguro que lo hará a peor. Bien mirado, no es que sea el colmo del optimismo, yo.
Di una última calada a mi cigarrillo, lo aplasté contra el cenicero.
-¿Y ahora? ¿Ya no te asusta ni te duele la idea de cambiar?
-Hum -pensó- Creo que no. Es que qué le vamos a hacer, ¿no? No queda otra. Eso o te mueres, pero Nunca Jamás no existe y además incluso de allí se iban. Ahora lo pienso y digo: vaya, pues sí, sí que estoy cambiando. Y conmigo, tal y como sospechaba, lo hace mi mundo. Pero...pero ya no es tan terrible. No me ha ido tan mal. En líneas generales, creo que me las apaño más o menos bien en este mundo. Voy ganando en muchas cosas y, al mismo tiempo, me han dejado mantener un poco mi propio ritmo. Mi propia dirección. Y creo que esa es una libertad que en realidad nunca perderé. No sé. Creo que estoy satisfecha con lo que empiezo a ser. Que, palos aparte, tengo una suerte que a lo mejor ni me merezco.
-Seguro que sí -y aquello fue espontáneo, más de lo que yo me esperaba. Demasiada cerveza ya.
Ella sonrió, encogiéndose ligeramente de hombros.
-Bah. Ni menos ni más que otros. Y además con todo esto de cambiar, ¿sabes? Que tampoco antes estaba todo fenomenal. Estuvo muy bien, pero había cosas con las que no era feliz. Cosas que me robaban el sueño o me hacían sentir mal. Estaba menos preparada. Todo era una línea recta.
-¿Cosas como cuáles?
-Cosas.
Así que brindamos por los nosotros del ahora de entonces, y nada más hacerlo ella atrapó a un camarero que pasaba junto a nuestra mesa, le dijo que se llevase la copa y pidió una coca-cola.
-En muchas cosas, eso sí, mi yo de ahora y mi yo de antes nos parecemos un montón -me guiñó un ojo- Ella también prefería los refrescos.
Escucharle, en efecto, era un antídoto infalible contra el aburrimiento.
-Y al mismo tiempo tiene gracia -observó un poco después- Cambio, pero no rechazo las cosas de antes. O al menos lo intento. También eran yo, en cierto modo. De hecho, aún lo son. Ahora son como mis raíces. O como la versión anterior de un software. Voy construyendo sobre esa base. Ya sabes lo que dicen, ¿no? Sin cimientos no hay casa.
-----------------------------------------------------------------------------
De un tiempo a esta parte, y pataletas de cría impaciente aparte, noto una mayor agilidad al escribir. Bueno, eso y que últimamente me han subido un poco la autoestima literaria. A ver si sigue la racha. Y lo de arriba es una nueva idea. Por mi parte valiente pero nada innovadora. En fin, bajo el sol no hay nada nuevo, y además sigo viendo la escritura como una especie de diván mental. Qué le voy a hacer.

1 millones de gritos:

María Torralba Luque dijo...

Mientras te resulte un diván mullido, cómodo y tentador... :)