Sospecharía por primera vez que me estaba enamorando de ella, o al menos algo parecido, cuando me dijo que estaba viéndose con Luca. Luca, que aquella noche en el concierto me había preguntado quién era la chica del vestido color neón, y yo le dije que así había cientos ahí apiñadas bailando temas indies, y él replicó que puede, pero que como esa solamente una y era ella. O nadie. Maldito cabrón romántico, pensé. Que tenga que darme cuenta por ti.
-¿Luca, Luca? -se me da bien pensar una cosa y hablar otra al mismo tiempo- ¿El de mi grupo?
-Pues claro -rió ella- Tampoco es que sea un nombre muy frecuente.
-Ya. Pues no deberías.
-¿Que no debería? ¿El qué?
-No te hagas la tonta. Andar con él.
-¿Y eso?
-Te lo digo yo -afirmé- No te conviene. No va buscando lo mismo que tú, eso seguro.
Ella permaneció un momento callada, luego se encogió de hombros.
-¿Y qué busco yo? ¿Lo sabes?
Yo pensaba que sí.

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A mí también. Pero siempre me dejas con la miel en los labios. ¿No podrías mandarme algo de lo que escribes? Esos relatos que los concursos te devuelven, por ejemplo.
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