
OSITO DE PELUCHE HALLADO MUERTO EN EXTRAÑAS CIRCUNSTANCIAS
"Esta crisis está siendo más dura para algunos", comentaba ayer escuetamente el Sr. Pompón, comisario jefe del distrito de Peloucheville, ante la verja de la suntuosa mansión Bear Moor. Eran sus primeras y prudentes declaraciones tras la confirmación del hallazgo del cadáver del Sr. Osito, empresario local de prestigio, ahorcado en la sala de juguetes invitados. El macabro descubrimiento se realizaba en torno a las 10 de la noche, cuando Mrs. Osito se disponía a llamar a su marido para la cena. "¡Estaba allí...colgando!", sollozaba hoy para los medios la desconsolada viuda, que no puede entender las razones que pudieron llevar a su cónyuge al ya más que probable suicidio. "Era un osito tan cabal, tan amante de su familia...¿Qué haremos ahora sin él, Dios mío, ¿qué haremos?"
Sin embargo, fuentes externas a la familia parecen tenerlo todo más claro. "Los Osito ya no son lo que eran", declaraba con cierta complacencia Mrs. Matrioshka, una vecina, haciendo referencia al pasado esplendor levantado por Mr. Osito con esfuerzo y tesón sobre la importación de golosinas. "Figúrese que la mismísima señora Osito me contó que ya no tenían cinco criados, sino sólo dos, y la prima del cuñado de la vecina de mi madre, Dolly Poupée, sabe de buena tinta que..." Sus cuatro hijas van más allá. "El señor Osito llevaba una doble vida a espaldas de su familia", nos reveló Natasha, la hija mayor. "Bebía", agregó la vivaracha Olga. "Y jugaba a la ruleta rusa", apostilló, escandalizada, Anastasia. Más contundente aún era la pequeña de la familia, Katerina, quien, con un brillo de admiración en los ojos, nos comentaba que "el señor Osito era un pecador disoluto y pervertido".
Las revelaciones irreverentes y sinceras de esta entrañable banda de féminas, de todas formas, no son más que la verbalización de un secreto a voces. En Rainbow Bears, garito de dudosa moralidad de los suburbios de Peloucheville, van a echar mucho de menos a Mr. Osito, amante esposo, padre de familia, devoto creyente y, por lo demás, asiduo de las orgías y farras prohibidas que tenían lugar a puerta cerrada por la madrugada. "Yo le amaba, ¿¡me oye!? ¡Le amaba!", sollozaba Ken Barbie, efebo estrella del antro, deshecho por el dolor. El que fuera novio de la muñeca más popular antes de su indecorosa salida del armario afirmaba que entre él y el malogrado Osito hubo algo más que palabras. "Era muy cariñoso y sensible. Me prohibía ir con los otros clientes...Sufría mucho con su secreto, quería que nos fugásemos juntos, pero nunca lo hizo por respeto a su esposa e hijos". El musculoso y ebúrneo mocete hizo varias confidencias más a nuestro periodista, imposibles de reproducir aquí dado lo explícito y antinatural de las mismas. "Ahora voy a recluirme en un convento. Simplemente, no quiero que ningún otro peluche me haga suyo", declaraba dramáticamente Ken, con unos fuertes brazos entre los que cualquiera desearía sentirse atrapado, una sonrisa capaz de derretir el hielo y un trasero de manual. Desgraciadamente, nuestro reportero le arrancó esas últimas palabras justo antes de desaparecer en el reservado con un cliente, por lo que desde la redacción nos permitimos poner en duda su luto.
Tanto da; polvo somos y en polvo nos convertiremos. La bancarrota, el secretismo y la alineación negativa de Júpiter y Venus arrastraron a la tragedia, una vez más, a un querido y acaudalado osito de negocios. Mr. Osito deja esposa y dos hijos, y será enterrado mañana en el cementerio de Le Doudou. "En el panteón familiar, por supuesto", precisaba su doliente viuda, que por la tarde ya llevaba alivio de luto y sonreía junto a un conocido amigo de la familia. "No va a estar ahí enterrado al lado del primer soldadito de plomo que pase".
"Esta crisis está siendo más dura para algunos", comentaba ayer escuetamente el Sr. Pompón, comisario jefe del distrito de Peloucheville, ante la verja de la suntuosa mansión Bear Moor. Eran sus primeras y prudentes declaraciones tras la confirmación del hallazgo del cadáver del Sr. Osito, empresario local de prestigio, ahorcado en la sala de juguetes invitados. El macabro descubrimiento se realizaba en torno a las 10 de la noche, cuando Mrs. Osito se disponía a llamar a su marido para la cena. "¡Estaba allí...colgando!", sollozaba hoy para los medios la desconsolada viuda, que no puede entender las razones que pudieron llevar a su cónyuge al ya más que probable suicidio. "Era un osito tan cabal, tan amante de su familia...¿Qué haremos ahora sin él, Dios mío, ¿qué haremos?"
Sin embargo, fuentes externas a la familia parecen tenerlo todo más claro. "Los Osito ya no son lo que eran", declaraba con cierta complacencia Mrs. Matrioshka, una vecina, haciendo referencia al pasado esplendor levantado por Mr. Osito con esfuerzo y tesón sobre la importación de golosinas. "Figúrese que la mismísima señora Osito me contó que ya no tenían cinco criados, sino sólo dos, y la prima del cuñado de la vecina de mi madre, Dolly Poupée, sabe de buena tinta que..." Sus cuatro hijas van más allá. "El señor Osito llevaba una doble vida a espaldas de su familia", nos reveló Natasha, la hija mayor. "Bebía", agregó la vivaracha Olga. "Y jugaba a la ruleta rusa", apostilló, escandalizada, Anastasia. Más contundente aún era la pequeña de la familia, Katerina, quien, con un brillo de admiración en los ojos, nos comentaba que "el señor Osito era un pecador disoluto y pervertido".
Las revelaciones irreverentes y sinceras de esta entrañable banda de féminas, de todas formas, no son más que la verbalización de un secreto a voces. En Rainbow Bears, garito de dudosa moralidad de los suburbios de Peloucheville, van a echar mucho de menos a Mr. Osito, amante esposo, padre de familia, devoto creyente y, por lo demás, asiduo de las orgías y farras prohibidas que tenían lugar a puerta cerrada por la madrugada. "Yo le amaba, ¿¡me oye!? ¡Le amaba!", sollozaba Ken Barbie, efebo estrella del antro, deshecho por el dolor. El que fuera novio de la muñeca más popular antes de su indecorosa salida del armario afirmaba que entre él y el malogrado Osito hubo algo más que palabras. "Era muy cariñoso y sensible. Me prohibía ir con los otros clientes...Sufría mucho con su secreto, quería que nos fugásemos juntos, pero nunca lo hizo por respeto a su esposa e hijos". El musculoso y ebúrneo mocete hizo varias confidencias más a nuestro periodista, imposibles de reproducir aquí dado lo explícito y antinatural de las mismas. "Ahora voy a recluirme en un convento. Simplemente, no quiero que ningún otro peluche me haga suyo", declaraba dramáticamente Ken, con unos fuertes brazos entre los que cualquiera desearía sentirse atrapado, una sonrisa capaz de derretir el hielo y un trasero de manual. Desgraciadamente, nuestro reportero le arrancó esas últimas palabras justo antes de desaparecer en el reservado con un cliente, por lo que desde la redacción nos permitimos poner en duda su luto.
Tanto da; polvo somos y en polvo nos convertiremos. La bancarrota, el secretismo y la alineación negativa de Júpiter y Venus arrastraron a la tragedia, una vez más, a un querido y acaudalado osito de negocios. Mr. Osito deja esposa y dos hijos, y será enterrado mañana en el cementerio de Le Doudou. "En el panteón familiar, por supuesto", precisaba su doliente viuda, que por la tarde ya llevaba alivio de luto y sonreía junto a un conocido amigo de la familia. "No va a estar ahí enterrado al lado del primer soldadito de plomo que pase".
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Todo intento de buscar seriedad a este texto, os advierto desde ya, será un pasmoso fracaso. Pero fue uno de mis primeros montajes fotofráficos cuando empecé a mirar con otros ojos la cámara de fotos, y el texto sí que tiene cierta agudeza y descaro. Rescatándolo hoy del Fotolog, me reía.
P.D Ni siquiera aquí puedo resistirme a derramar litros de almibar: estoy muy contenta porque todos se han acordado de felicitarme los veintiuno, incluyendo a los amigos de mi verano de los veinte y todo. ¡Qué feliz que soy! Ya os iré respondiendo a todos, hoy fue un día largo...Mientras, va por vosotros. ^^

1 millones de gritos:
xDDDDDDDDDDDDDDDDDD
No sé qué es mejor, si la foto, el texto o el título.
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