Aquella noche, terminamos contándonos muchas cosas, como siempre ocurre cuando al salir de juerga se habla además de divertirse. Y no sé. Si en esos casos se dicen idioteces, cosas intrascendentes o verdades como puños. Tal vez ni siquiera las tres sean incompatibles. Pero es una de las conversaciones que más me gustó, de todas las que tuve con ella. No puedo decir que compartiera su forma de ver las cosas. Pero la comprendí. Y al hacerlo, amplié los límites de mi mundo, y rebajé un poco más mi intransigencia.
-¿Sabes? -me confesó-. A veces, pienso en mí como en un caballo.
Ella misma se rió antes incluso de ver mi cara ante semejante afirmación. Hicimos un par de bromas malas, nos reímos de nuevo con ellas y continuó hablando.
-En serio. A veces creo que soy como un caballo. Un caballo que se encuentra con una valla enorme. Así, de golpe. Cloc, cloc, ¡pum! ¿Esto qué es?
Al principio, no sabía a qué se refería.
-Una valla. Es una valla -le dio un trago a la botella que arrastraba, como los restos de un naufragio anterior-. Y no te creas que es una valla pequeñita. No, señor. Es una valla enorme. Altísima. Y yo, claro, quiero saltarla. ¿Por qué no? Cuando la salte, al otro lado habrá sin duda algo increíble esperándome. Algo que solo yo podré tener.
Estaba intentando decirme algo, pensé. Y yo bebí también de mi botella.
-Lo malo de esa valla es, precisamente, lo alta que es. Es tan alta que cualquiera que intente saltarla se romperá, sin duda, un par de huesos. Es prácticamente imposible saltarla. Y yo, que solo soy un maldito caballo -de repente, lo comprendí todo-, yo no hago más que golpearme contra la puñetera valla. Un intento, otro intento. Duele un montón. Pero ahí sigo yo. La verdad, de tantos golpes que me he llevado ya ni siquiera sé por qué demonios quería yo saltar la dichosa valla. Tampoco es que me importe, a esas alturas.
Miré a Lilia y ella me devolvió la mirada, con una mueca nerviosa.
-A ver si adivinas lo más divertido de la valla -dijo, haciéndome un guiño.
-La valla es invisible -respondí, casi instintivamente-. Nadie más puede verla.
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Mis vacaciones de verano comenzaron ayer. ¡Yuju! :)

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